viernes 14 de noviembre de 2008

Para ella.

Amor y odio, odio y amor. Durante años lingüistas, científicos, filósofos, profesores, poetas y demás gente culta los han definido como una dualidad, como términos opuestos, antónimos, se ha pretendido que aquello amado no pueda ser odiado, y aquello que se odia sea aborrecido, y por ende, jamás amado.
Hasta ellos mismos deben ser conscientes de cuan enormes son sus lagunas al crear sus obras. Desde siempre los extremos de las dualidades se han tocado, tanto a nivel físico como ideológico, sensorial o sentimental.

Norte, sud: positivo, negativo. Antónimos inmiscibles que se aman y se persiguen locamente en un imán, interesante.

Pongamonos un poco más filosóficos. Es puramente lógico que la forma más justa de gobernar a un pueblo es colocando como lider a alguien que respete la libertad de las personas y busque lo mejor para ellas. También es necesario que busque la forma de hacer que el pueblo tenga los mayores beneficios en su día a día a fin de que sus vidas sean lo mejor posible; llegamos, pues a que si no quieren aceptar aquello que es mejor para ellos debe reprimirseles y obligarles a aceptarlo. Luego entonces su libertad queda coartada. Si, lo se, Platón tenía grandes lagunas en su filosofía.

Seguramente te sorprenderías de la cantidad de gente que muere al año por no respirar durante el orgasmo. El placer supremo y la sensación más agobiante y dolorosa también van cogidas de la mano. Los hay que se arañan, y casi todos preferimos que nos mordisqueen un poco, ¿no?

Si sigues sin verlo, sumerge una mano en agua helada, sumerge la otra en agua hirviendo. ¡Sorpresa! Si puedes diferenciarlo, te felicito, eres un ente divino que ha sobrepasado las barreras sensoriales que el propio organismo nos impone.

Y mentimos al decir que nos distanciamos... Bien, nos distanciaremos, pero si la Tierra es una esfera (geoide), nos acercamos por los lados opuestos, ¿verdad? Es, entonces, imposible que dos personas huyan de ellas mismas.

Seamos pues, polos opuestos del mismo imán, gobernantes de la nada, juntemos nuestras corrientes, ardientes o heladas, no importará cuando ambas se templen y fraguen el milagro del amor... y el milagro del odio.

[Aquí empieza la metáfora que tantos malos entendidos me ha acarreado] 


Te odio, si, te odiaré hasta la muerte. Te odio más de lo que jamás pensé que podría, y cada día que pase, más te odiaré. Cada momento desearé que te alejes, que corras, vueles en dirección opuesta a la mía, te desearé dolor, y trataré de causartelo hasta que chilles incesantemente.

I hate you. 


[Y aquí acaba]


P.S: Antes de que me lapidéis y llameis maltratador en potencia cómo el primer lector del texto, quiero aclarar que en este texto se debe ver un juego de palabras, de antónimos que, sin embargo, pasan a ser sinónimos. Cuando hablo de desear y causar dolor hablo de desear y causar placer y otras buenas sensaciones (no, nada de sadomasoquismo), pues el dolor y el disfrute son como la tempestad y la calma. No habría uno sin otro.

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